Durante semanas, en el transcurso de los meses de julio y agosto, CONSEG ha puesto un especial esfuerzo en la transmisión de ciertos valores, más allá de los que tenemos enunciados como institucionales. ¿Porqué entonces, si nos son los valores que conforman la identidad CONSEG (Desarrollo del Capital Humano, Enfoque en el Cliente, Constancia y Disciplina), poner énfasis en ellos? La respuesta es, a la vez que simple, un tanto ‘mística’: guiar la forma en que se desarrolla nuestra Cultura Organizacional.
Vayamos por partes; pues será de gran valor que entiendas este tipo de acciones y te incorpores activamente a ellas, pues redundan en la manera en que hacemos todo nuestro trabajo y los resultados que obtenemos de ello. Sea pues, atendamos a la primer y más obvia interrogante:
¿Qué es cultura organizacional?

La cultura organizacional es el conjunto de creencias, valores y prácticas (hábitos, ritos y costumbres) compartidas entre sus integrantes, que permite a un grupo de personas enfocar todas sus actividades hacia una misma meta y como una ayuda para el cumplimiento de los objetivos de las entidades correspondientes. Dicho de otra manera, es la forma en que los colaboradores de una organización se relacionan dentro de ella para bien personal, empresarial y social. Gracias a la cultura organizacional, se fortalecen lazos de identidad corporativa entre tres actores principales: la marca, el equipo de trabajo y los clientes. Además, lograrás proyectar estabilidad y elevarás los niveles de calidad de cada actividad.
Todas las compañías, se den cuenta de ello o lo ignoren, tienen una cultura organizacional… es ineludible. La diferencia entre las que se ocupan en dar forma a dicha cultura, como un artista de Bonsai y las empresas que dejan que la cultura crezca como maleza es que las primeras buscan mejorar, mientras que las segundas suelen estancarse o decaer en logro de resultados y clima laboral.

Todos al servicio de todos: una Cultura Organizacional CONSEG
La realidad es que sólo existe una manera eficaz de crecer en todos los aspectos: saber que somos un solo organismo, que no puede funcionar mediante el individualismo, la indiferencia o el centrarse solo en el propio bienestar… nuestra plenitud (como trabajadores, como entes sociales y como seres humanos) está siempre enlazada a la felicidad y plenitud del otro.
Si pongo mi atención en aportar al bienestar de quien me rodea, yo mismo logro ese bienestar y soy más abierto a valorar motivos de agradecimiento por todo lo que tengo.
Cuando el trabajo propio es dirigido a servir al otro, este toma un sentido de relevancia y trascendencia… por el contrario, si el trabajo es solo un cumplimiento vacío, poco a poco se convertirá en una carga cada vez más difícil de soportar. Y, lo que es peor, es un trabajo que, a la larga, no servirá para nada.
Hoy te invito…
Tienes una función que realizar en tu trabajo; dale sintonía con la misión que tienes en tu vida y úsalo para derramar plenitud en todos quienes te rodean. Siempre habrá tierra que no será fértil a estos esfuerzos, pero no te puedes permitir perder la oportunidad de sembrar: la cosecha será lo bastante basta para todos. La bondad es un bien que, en vez de agotarse cuando se derrocha, se multiplica y fortalece. ¡Vive nuestra Cultura Organizacional y dale un sentido a cada actividad que realizas!

