
Desde el mes de julio, en CONSEG, hemos puesto un enfoque especial en proporcionar marco para el desarrollo de nuestras cultura organizacional; hemos brindado una guía sobre como ejercitar y poner en práctica determinados valores que nos identifican como colaboradores de esta empresa… al momento la generosidad y la gratitud. Queremos que nuestra empresa sea un terreno fértil para estos valores, que puedas ponerlos en práctica en tu entorno laboral y que impacten en tu crecimiento como persona.
Dentro de esta labor, en repetidas ocasiones a surgido un tema central: la vivencia de la generosidad o la gratitud, al igual que muchos otros valores, toman sentido cuando se practican de forma desinteresada, es decir, sin esperar nada a cambio. Lo hemos repetido casi como un mantra: haz el bien sin esperar recompensa, pero…
..no se puede dar sin recibir a cambio
En efecto, nuestro enfoque no deberá estar nunca en ser retribuidos por actuar conforme a nuestras más firmes convicciones: si tenemos una actitud generosa no lo hacemos por ser retribuidos, sino por el hecho de hacerle un bien a otro. Si, por medio de la gratitud, mostramos lo valioso que alguien es en determinado momento, acción o circunstancia en nuestra vida, no lo hacemos por recibir gratitud o valoración a cambio.

Sin embargo, siempre; sí, siempre que damos recibimos a cambio. En primer lugar, la satisfacción plena y profunda de haber hecho algo valioso por alguien más… haber impactado una vida cercana a nosotros. Eso, de primera instancia, cuando actuamos con integridad y sinceridad, es un sentimiento real e inevitable… y es una hermosa retribución.
El beneficio de saberse una persona que vive su vida basado en principios bondadosos y profundos es innegable en nuestras vidas.
Por otro lado, es imposible actuar conforma a valores sin que esto tenga una repercusión en nuestro entorno inmediato. Es decir, cuando actuamos conforme a valores firmes y continuos, construimos una realidad mejor para nuestra sociedad. Y eso, nos beneficia a nosotros y a quienes nos rodean.
Hoy te invito…
El tiempo que inviertes en tu trabajo redunda en tu vida financiera, es claro el porqué. También retribuye en tu desarrollo profesional, pues pones en práctica tus competencias, las afinas y adquieres un expertise cada vez mayor. Pero, vive el tiempo que pasas en tu trabajo como tierra fértil para cultivar lo más profundo de tu persona: valores y competencias que te conviertan no solo en un colaborador más valioso o en un profesionista experto, o en un proveedor más efectivo, sino un mejor ser humano.
¡Vive tu jornada laboral para trabajar en ti! La huella que dejarás en todo lo que te rodea será verdaderamente trascendental.


