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El narcotráfico es el comercio de drogas ilegales adictivas o no, principalmente cocaína. La base económica principal de este fenómeno es ésta sustancia, ya que su compraventa financia la mayor parte de un fenómeno que engloba la fabricación, distribución, venta, control de mercados y reciclaje de muchos estupefacientes, adictivos o no, potencialmente dañinos para la salud y también el tráfico de armas, tienen una gran participación en el mercado de la trata de personas y en el tráfico de órganos.

En México el fenómeno del narcotráfico tiene sus orígenes en Sinaloa, con el cultivo de la amapola que en la década de los 40´s se intensificó en la región de Badiraguato con motivo de la Segunda Guerra Mundial, para abastecer de heroína a Estados Unidos, lo que era permitido por las autoridades federales, que fijaban un tributo a los campesinos productores. En consecuencia, los cultivos se expandieron sin evidentes obstáculos legales e incluso se llegó a hablar de un supuesto convenio entre el gobierno de México y el de Estados Unidos que los protegía. 

La crisis en la minería y la extinción de esta actividad arrojó a los viejos mineros y principales familias a trabajar en los cultivos de amapola y marihuana , antes de su prohibición. Todavía a principios del decenio de los 70´s la producción de amapola y marihuana se concentraba en la Sierra de Sinaloa o en el denominado Cuadrilátero de Oro región de la Sierra Madre comprendida entre los límites con Durango, Sonora, Chihuahua y Sinaloa.

Sin embargo, por el auge de la demanda y por los embates de las campañas de erradicación, los cultivos fueron extendiéndose a otras regiones del país. En los tiempos de la marihuana y la amapola, la guerra en la que se involucró Estados Unidos y el combate a la producción en el Medio Oriente estimularon la oferta mexicana. Cuando estas drogas empiezan a perder terreno en el consumo norteamericano va creciendo la demanda de la cocaína sudamericana. 

En 1984 en el verano representantes del cártel de Guadalajara y el de Medellín se reunieron en Atlanta para acordar la nueva ruta mexicana. A partir de entonces se levantó todo un poderío representado por las familias que a través de las generaciones venían controlando el negocio desde su origen. 

En 1978, algunos narcotraficantes se crearon como reducto natural un enclave en Jalisco, pero la diáspora abarcó también a los estado de Sinaloa, Baja California, Michoacán, Guerrero y el Sureste. 

Toda esta expansión del cultivo y tráfico de psicotrópicos fue coordinada por el grupo conocido como Cártel de Guadalajara, encabezado por Miguel Félix Gallardo, cuyos conocidos socios principales eran: Ernesto Fonseca y Rafael Caro Quintero, quienes hasta ese momento mantenían el control monopólico de la siembra en gran escala y el tráfico de marihuana, asimismo país de tránsito de cocaína proveniente de Sudamérica. 

Cuatro décadas después, al nueva generación de capos, desarrolló contactos, corrupción y complicidad de agentes, comandantes y jefes de las corporaciones policíacas, tales como Javier Aguilar Guajardo, José Antonio Zorrilla, Miguel Aldana, Francisco Sahagún Vaca y Pavón Reyes. 

Es de presumirse que en 1982 hayamos vivido la primera campaña presidencial donde fluyera dinero del narcotráfico; de otra manera no se explicaría que se hayan involucrado altos funcionarios del gobierno de Miguel de la Madrid como los primeros comandantes y, según información de la DEA, Enrique Álvarez del Castillo, Manuel Bartlet y Juan Arévalo Gardoqui.

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