In Boletín #SoyCONSEG

Tratar de dar respuesta a la pregunta fundamental ¿quién soy? puede llevarnos a recorrer caminos algo abstractos, filosóficos y hasta místicos que pueden consumir gran parte de nuestra vida para hallar una respuesta… y la respuesta que hallamos puede cambiar con el tiempo y cono cada nueva etapa que vamos viviendo. Sin embargo, hay una salida práctica y muy útil a esta interrogante: somos nuestros actos.

La intención NO es lo que cuenta

Yendo más allá de lo que nos motiva, nos satisface y nos hace sentir plenos, en nuestros círculos más cotidianos nuestros actos definen quienes somos. Por ejemplo, si encontramos a un hambriento en la calle, poco importa que seamos caritativos, religiosos o bondadosos en nuestro fuero interno si no tenemos algún acto que ayude a mitigar su necesidad… para esa persona, en ese momento no somos ni caritativos, ni religiosos, ni bondadosos.

Lo mismo ocurre en nuestro ámbito laboral -en el cual, por cierto, empleamos gran parte de nuestro tiempo- en donde podemos decir que somos muchas cosas: constantes, disciplinados, centrados en el cliente y que damos importancia a nuestra gente. Pero si nuestras acciones no son testimonio de eso que decimos ser, realmente no lo estamos siendo.

Dice una frase que:

Hechos son amores; y no buenas intenciones.

Es tan cierta en la vida amorosa como en la vida laboral…

Podemos decir que somos personas interesadas por nuestra gente solo si nos aseguramos de que tengan claridad en que reciben su pago a tiempo y que tienen claridad en que lo recibieron completo, si estamos al pendiente de que reciban correctamente sus bonos, que fomentamos que participen en diferentes programas, si los guiamos a que cumplan sus actividades, si atendemos sus dudas y llamadas.

Podemos decir que somos profesionales ocupados en nuestros clientes solo si atendemos nuestras responsabilidades con ellos en tiempo y forma, si respondemos a sus llamadas y correos, si cumplimos aquello a lo que nos comprometimos con ellos, si evitamos hacer promesas falsas…

…En fin, no son nuestras palabras o nuestras intenciones las que nos definen, aunque juegan un papel muy importante en lo que pensamos y, por tanto, en cómo nos comportamos; son nuestras acciones aquello que, para los demás, nos define como compañero, como jefe, como prestador de un servicio, como colaborador. Sí la mejor intención y buena voluntad no está revestida de aquellos actos que hagan manifiesta su existencia, para fines prácticos, no existe.

Hoy te invito…

El ser está en la acción, la definición de nuestra existencia está en lo que hacemos con ella. Para nuestra vida interior será muy útil seguir indagando verdades más profundas y más filosóficas; en la práctica, debemos poner acciones que reflejen nuestros principales valores, pues solo las acciones son testimonio de que realmente los vivimos y, por tanto, nos definen.

Vive desde hoy mismo lo mejor que hay en ti y asegúrate que quienes te rodean lo experimenten: que tus actos dejen la mejor huella siempre.

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